Odina Capo, «os hablaré de mi padre… os hablaré desde el corazón»

Buenas tardes y bienvenidos, mi padre hizo este libro para que todo el mundo pudiera beneficiarse de lo que él aprendió a base de mucha observación.

Sin embargo yo no os comentaré nada del libro, eso es cosa de Amelia, la editora. Os hablaré del hombre que lo escribió, porque creo que si conocéis sus motivaciones, su filosofía, valoraréis en su justa medida sus palabras.

Era un hombre de paz en el término más amplio de la palabra, paz para los hombres, para los animales, para los bosques y los mares, para los pensamientos y para el alma. Esgrimía un rechazo total a cualquier tipo de violencia, física o mental. Quería que la humanidad entera alcanzara un estado de serenidad que le proyectara hacia otra manera de ver y de pensar. Sabía que si aprendemos a respetar a nuestro cuerpo, a escucharle, si dejamos que la naturaleza fluya a nuestro alrededor, sin intromisiones, sintiéndonos formar parte de ella, este planeta se convertiría en un lugar mejor para vivir, porque alcanzaríamos el equilibrio. Y en eso trabajó toda su vida. No lo hizo liderando un partido político, ni llevando pancarta pidiendo el cese de la guerra, ni poniéndose delante d una manifestación. Lo hizo estudiando el efecto de los alimentos sobre nuestro cuerpo, analizando lo que nos enferma y lo que nos sana.se dedicó con todas sus fuerzas a ayudar a quien se lo pidiera a propagar sus conocimientos a todo aquel que tuviera interés en aprenderlos.

La gente creía en él, le escuchaba. Les decía lo que tenían que comer y la mayoría se curaba. Con ello se granjeó la enemistad del estamento médico de la época. ¿Un hombre que no tenía un título colgado en la pared y a pesar de eso era más eficaz que ninguno de los colegiados? Como siempre ha ocurrido, en lugar de averiguar qué era lo que hacía para obtener tan buenos resultados, le acusaban de intrusismo.

Hablaba de la paz y de la libertad y los fascistas se le echaron encima. Habían matado mucho para poder administrar el grado de libertad y de paz que le correspondía a cada ciudadano y no estaban dispuestos a tolerar que nadie con las manos limpias pudiera meterse en su terreno.

Preconizaba que el cuerpo era puro, que la desnudez en plena naturaleza era buena y la Iglesia lo vio como un demonio al que había que enviar a los infiernos. Si hubieran podido lo habrían quemado en la hoguera acusándolo de brujería. Llevaban siglos discerniendo entre la pureza y la impudicia para que un entrometido que no gozaba de la comunicación directa con dios, pudiera atreverse a opinar sobre la moral y además, preconizar que ir desnudo no era pecaminoso ni perverso.

Un hombre tan transparente daba miedo en aquella España oscura de la posguerra. Ya se sabe, la independencia de ideas siempre conlleva la soledad. Eran demasiados dedos acusadores, incluso para él.Sufrió infinidad de registros, le robaron, le encarcelaron, le metieron en un campo de concentración y al final , cuando cría que todo ya estaba tranquilo, en el año cincuenta y dos, gracias a la santa madre iglesia católica, apostólica y romana lo enviaron al exilio durante diecisiete años. Lejos de su casa, de su familia, de su trabajo, de sus amigos.

Su coherencia interna le llevo a vivir conforme a sus creencias y a no renunciar nunca a ellas, firme. Le hubiera bastado adjurar por escrito de su filosofía para librarse; pero no lo hizo.

Lo recuerdo perfectamente, aunque era muy pequeña. El jefe superior de policía de Barcelona nos citó a toda la familia y cuando estábamos ya en su despacho, un guardia trajo a mi padre desde la cárcel. Allí, sin ningún tipo de recato, delante de todos, le dijo que si firmaba admitiendo que nada de lo que decía era cierto y que se arrepentía, en ese mismo momento, podría salir con nosotros, libre. Se negó. Al poco fue cuando lo enviaron al campo de concentración de Nanclares de Oca en Álava (Vitoria). Tardé mucho en volverá verle. por cierto, en el mismo campo, a través de de la alambrada acudía gente para que les aconsejara qué hacer ante sus dolencias. Cuando el comandante del campo de enteró, aprovecho la ocasión para solucionar un viejo problema de salud. No deja de tener su gracia.

Como comprenderéis, teniendo un padre así, mi madre no podía ser la típica madre de familia de la época. Mi hogar no tenía nada de convencional. Os podría contar tantas cosas…

Recuerdo, por ejemplo, el desfile continuo de gente que venía a casa y se quedaban unos días, o incluso meses, cada uno siguiendo una dieta especifica hasta que notaban alguna mejoría, o sanaban del todo. Para mis hermanos y yo, que no habíamos visto otra cosa, era de lo más normal del mundo no saber nunca a quien te ibas a encontrar al abrir cualquier habitación. Supongo que era parecido a vivir en un Hotel, aunque en un hotel paga todo el mundo y allí solo lo hacían los que podían.

Hay gente, que sintiéndose sola, espera la Navidad para que la casa se les llene y mi madre, en cambio, la esperaba para que se vaciara. Lo intentó en varias ocasiones; pero hay que aclarar que jamás lo consiguió.

A nosotros nos divertía esa forma de vida. Siempre habías sorpresas. A parte del continuo trasiego de personas que enteraban y salían de casa, a mi padre le encantaba organizar banquetes vegetarianos. Y no solicitaba a comunicárselo a unos cuantos amigos, no. Eso hubiera tenido poca repercusión. ¡Lo anunciaba en la revista Pentalfa!

Entonces la casa que parecía un hotel se convertía en un Restaurante lleno hasta los topes. También celebraban muchas fiestas literarias. Era donde mi madre más se recreaba. Había teatro, poesía, ballet, canto, danzas clásicas. En eso momentos, la casa medio hotel, medio restaurante, se transformaba también en un teatro. Entonces no era consciente, pero era un lujo poder vivir la cultura tan de cerca.

Cuando cumplí quince años, mi padre preconizó que un día me quedaría sola y me advirtió que, aunque las personas pasasen, siempre tendría la naturaleza a mi lado para vivificarme y sostenerme. Se olvidó de una cosa: del poder de sus enseñanzas y de su ejemplo. Ahora que ya hace tiempo que sus vaticinios se hicieron realidad quiero compartir con vosotros lo que él enseño. Solía decir «tal como pienses, tu vida será».

Precisamente ahora, que la sociedad parece inmersa en un torbellino, es quizá cuanto más necesitamos un momento de equilibrio y reflexión. Por eso he decidido expandir su obra. Es un regalo de vida que os ofrezco con todos la humildad. Espero que lo aceptéis, aunque sea por curiosidad.

Muchas gracias a todos

Odina Capo

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3 comentarios en «Odina Capo, «os hablaré de mi padre… os hablaré desde el corazón»»

  1. Hace tiempo, yo iba a baldorex a casa de Amparo Llaume , no se si lo escribo bien, Alli ,me en contrba agusto. comíamos arroz macrobiotico ,una en salada y siempre había alguien que nos daba una charla sobre la naturaleza,
    Y allí me hablaron del profesor capo , Después deje de ir por atender otra cositas , trabajar . sacar hijos a delante pero siempre os etenido en mente y en mi corazón Espero tornar mi camino gracias mi camino. hacia el naturismo que asi sea

  2. Yo conocí al profesor Capo, era una niña, tendría sobre los 12 años. Y su secretaria que estaba a su lado escribiendo las indicaciones prescritas….seguro que eras tu ,Odina Lo recuerdo con cariño.

  3. Odian, Edenia, Apolo,
    Seguro que recordareis Aurora y Elena Beortegui. Os conocimos en las clases de Ballet de Alicia Calado en la calle Casanova de Barcelona, corrían las años 60…
    Hoy os he encontrado en internet, vivo en California y siempre os he recordado. Estuve en la boda de Edenia, a la tuya Odina no pude ir pues cuando me invitasteis yo estaba ya en camino de Estados Unidos, desde entonces vivo en California.
    No se si leeréis esta nota, por si es así, os mando mi correo electrónico.
    Un beso,
    Elena

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